Santiago.Mayo-2018
Quiero llorar a chorros cuando lloras.
Quiero entumecerme cuando tienes frío.
Quiero abrir mis venas si te lastiman.
Quiero ser el eco de tus gritos.
Quiero cansarme con tu cansancio.
Quiero ahuyentar las noches de tus espantos.
Si alguna ves un niño te hiere o se burla de ti, recuerda que ese niño se irá de tu vida y no sabrás más de él, no vale la pena entristecerte. Las personas que te quieren te aceptan como eres. Tú eres importante, lindo y de alma sensible. Acércate a los que te escuchan y te miran a los ojos.
Ahora, te pido que dibujes un pájaro en una hoja de papel, sóplalo con todas tus fuerzas, y así en una lluvia de plumas dulces y alegres, atravesará los océanos y contra viento y mareas llegará volando donde está tu abuela que te quiere con toda el alma.
Kuku.
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domingo, 13 de mayo de 2018
lunes, 13 de noviembre de 2017
N.N.
Tengo abierta la tumba.
Tanto tiempo esperando. Es un tiempo maldito.
Trae a sus amigos, trae a su esposa y a sus hijos.
Trae la pala.
Trae claveles rojos.
Tanto tiempo esperando. Es un tiempo maldito.
Lo obligaron a correr
y lo acribillaron por la espalda y pasaron los años y nada…desaparecido.
Tanto tiempo esperando. Es un tiempo maldito.
Y no tiene ningún nombre, no! Solo un código. Será él?
Aún conserva la venda negra roñosa pegada en su mandíbula abierta.
Ya ves, ponte a cavar, y no creas todo lo que te dicen, un
racimo de huesos etiquetados con un número, no lo hace Rubén Cabezas.
Tanto tiempo esperando. Es un tiempo maldito.
Ya no quieren que busques más, ya están viejos y cansados,
es un juego de sangre, de odio y cobardía.
Cava ahí, bajo el espino para que sus brazos lo protejan de
los desprecios, que hasta la propia muerte lo ha olvidado.
jueves, 26 de octubre de 2017
Albinoni - Adagio in G Minor
Han pasado dos otoños, y Julia sin salir,
desde la ventana mira como revientan las olas en burbujas de leche.
Alimentando
la nostalgia y el desgarro solo siente la música y no quiere mas de la vida que
sentirla contenida en estos meses imprevistos.
Se
arroja a los pies de su recuerdo, abraza a su amado hasta que él se deshace una y otra vez, sumergido en este
paisaje tan bello, tan lleno de orfandad y de silencio. Solo el violín susurra
en sus oídos y eso le basta, no, él no esta muerto, en este lugar se quedo sin
estar el allí; allí donde cada noche clarea lejos una luz de su acorde.
Todo
cuanto ha tenido la muerte se lo ha llevado, olvidó ya lo que era, harapos de
nada, tocados por una melodía del alma, solo mira el mar recluso entre
acantilados erizados, callados, mirada de muerto, ¿quién me salvará de existir?
Piensa Julia.
Un
hilo invisible la ata al violinista, es su único punto de apoyo. Eligió la
renuncia a todo como forma de vida, y la contemplación por destino, disfrutando
de los días y las noches como su único refugio-la música.
No
tiene nada que decir, vive la perdida y
goza en su entrega sufrida, así, la sinfonía trémula de expresión pasa por ella en cortejo sonoro de seda
llevadas por la brisa del mar, donde una claridad de luna ya no la despierta,
si no la acompaña, oscilando confusa hasta perderse.
No
llora. Ha dejado de ser ella, Julia se ha abandonado, se ha evaporado, se
arrulla en el adagio.
domingo, 3 de septiembre de 2017
En Reumén.
Glotonné furiosamente el maqui para atesorar el fuerte aroma en mi mente, como si en ello se me fuera la vida, mientras las lágrimas rodaban por mi cuello. El tinte negro del fruto resbalaba por mi vestido de popelina ocultando las manchas entre sus estampadas flores grises y marrones, aterrizando en mis pies descalzos.
El Pililo Ortega salió despavorido cuando le conté la noticia, escapó sin mirarme, sin escucharme, sin despedirse, hecho un celaje, como el amargo día en que el Guataca se cayó al pozo...yo entraba a su casa en la que apenas distinguía a su mamacita, quietita, atontada llorando junto al brasero, que humeaba con escasa lumbre. No supe qué hacer con tanta pena, y, con los murmullos ensordecedores de la gente que entraba y salía. Permanecí un rato esperando que volviera, sosegada, entumecida y en silencio. Quedé paralizada cuando trajeron al Guataca desnudo y con el vientre abultado. Lo pusieron en el piso de tierra, al ladito de las escasas brasas . Yo veía las sombras de la parentela y los amigos que se apiñaban al lado del pobrecito, en medio de una nube negra cada vez más densa. Lancé unas piedrecitas a lo que quedaba de la fogata y esperé que se calentaran para entibiar mis manos, como esas que me dio el Pililo el día de lluvia en que nos escapamos de la escuela para recoger gusanos en las pozas .
Ya lo echaba de menos…sabía que no lo olvidaría.
Reanudé lentamente el paso por el estrecho sendero. Di un salto al sentir el suave roce de la mano de Bartolo en mi hombro. Era el “ hombre del saco” que mentaban para asustarnos cuando nos portábamos mal.
Bartolo nació pobre y feo, y con el tiempo empeoró. Su cuerpo se fue deformando, seguramente por falta de comida y abrigo. El olor calado de su ropa, su cuerpo, y su mirada de tristeza perpetua me devolvieron al ridículo instante cuando le hice morisquetas para que se asustara y así pasar inadvertida a su lado…su recuerdo, me persiguió durante años, evoqué ese gesto cariñoso su modo protector, me sentí arrepentida de haberle tenido miedo, arrepentida de no haberlo acompañado, arrepentida de no haberlo abrazado cuando me fui.
Reinaldo Soto era el más tímido de la escuela. Esa mañana, me miró sorprendido y sólo atinó a buscar unos zapatos que había llevado doña Irma, mi madre, a reparar. Vengo a despedirme-le dije, y él estiró su pequeña y fría mano balbuceando unas palabras que no pude entender, daba igual, el tiempo las olvidaría o las modificaría.
Crucé la plaza en dirección al almacén de don Pascual Ovando a pedirle que me fiara unos dulces para llevárselos a la Noemí Palma.
Quiubo, Noemí…me voy a Gorbea. Ah! ya, me contestó. Retorció con fuerza su delantal floreado, sus cachetes se tiñeron de color púrpura, como el día en que entramos atrasadas y de la mano al Mes de María, con sendos ramos de flores silvestres, acicaladas con nuestros vestidos albos de broderí, y los parroquianos se dieron vuelta a mirarnos. Puse los dulces en su bolsillo y salí corriendo.
Cerca de la estación de trenes me tropecé con mi papá, que salía con cara de patidufuzo de la “ casa-quinta” que habitaban las Aguillón. Ni el odio que les tenía mi madre, ni la mala fama de esas mujeres fue motivo para que no le hiciera un vestidito de danza igualito al mío a la Glorita Aguillón, el día de la velada en San José de la Mariquina. Ambas nos veíamos bien pintiparadas y yo no daba más de felicidad. Mientras girábamos en la pista al son de la música, la Glorita me contaba que en su casa-quinta los tíos bailaban y cantaban y ella se sentaba debajo del piano a comer los dulces que le llevaban.
Mi papá atinó a decirme que me apurara, que mamá me esperaba para ir al campo de la tía Maruja…que triste despedirme de ella, pensé. Yo la amaba, me hubiese gustado quedarme allí, en un escondite en el campo en medio del olor a hierba mojada, ahí mismo donde escondí la zamarra blanca con botones dorados marcados con el ancla marinera y en el saquito una insignia alemana…lo odiaba. La enganché en un cerco de alambre de púas frente a la mirada cómplice de una atenta vaca.
Corrí hacia donde los parientes celebraban el matrimonio de la Posy, la hijastra de la tía Maruja.
No miré hacia atrás.
jueves, 31 de agosto de 2017
LLUVIA
Un torrente de ramas,
despojos, y mierda, corría negruzca por la avenida hacia abajo con la fuerza
que el viento impulsaba, lo que hacía imposible cruzar la calle, el agua lo
había inundado todo.
Del otro lado de la
acera, el anónimo con su cara lavada, chorreando
injusticia, de imagen inofensiva y manos gélidas, esperando. Trajeado con dos
bolsas de basura, un gran cinturón y unas botas altas de goma. En la gorra llevaba
un cartel, que se leía “diplomado en aguas furiosas”; enérgico, se acercaba a la
bajada de la micro extendiendo sus brazos como remos óseos ofreciendo cruzar la
calle, encorvando la espalda para recibir el pesado bulto. Convencía con un
tono tierno y decidido que la gente
asumía sacando fuerzas de la penuria, con la dignidad que les faltaba a los que
manejaban este país. El hombre atravesaba la calle de lado a lado, dando un
paso tras otro, sumido hasta la cintura al compás del torrente, hasta que
llegaba con su apreciado encargo, para devolverse cargado nuevamente y así
durante todo el día, durante todos los meses, durante todos los años.
Por las rendijas de
su casa el viento susurraba, y su hijo Samuel, le preguntaba qué decía, - no le hagas caso, son
desventuras, ya todo va a cambiar, voy a comprarme un triciclo y tu vas a poder
estudiar porque voy a llevar a mucha gente…
La mañana en que
Samuel va al cuarto de su padre, y lo encuentra empapado, congelado y sin vida,
había una tormenta, de ramas, basura y mierda…y las nubes también lloraban.
miércoles, 23 de agosto de 2017
sombras
No se en que momento me convertí en sombra, ni siquiera me
acuerdo, últimamente tengo tan mala memoria. Ellos querían dejarme de vigilante
pero no quise, de repente alguien viene y enciende la luz, y desaparezco, no,
que susto! No, ni loco!. Claro, parten todos a esconderse por todos los
rincones para que no los pillen y yo como tonto arriesgando mi vida de sombra,
parece que voy a tener que irme a la ciudad negra para estar más tranquilo,
dicen que cuando hay luna llena una multitud espesa de sombras se juntan a
bailar vals junto a la laguna. Ya me imagino a mi vecina nadando y peinada con
una cola de caballo para que yo la reconozca cuando pasa y todos y todas son
felices, hasta se puede caminar por las paredes tranquilo, tal vez podría
perseguir a la sombra de mi vecina con sus maravillosas tetas redondas como
melones, porque acá se le desaparecen cuando dobla la esquina y a veces también
desaparee ella y yo me angustio porque prenden la luz a cada rato ya que el
vigilante anda quizás por donde en vez de vigilar.
Siento un murmullo de sombras asustadas, que pasará?
Oh! están tirando bombitas de luz a los pies de las sombras y todas corren
despavoridas, algunas han desaparecido, solo veo muchas lágrimas de sombras
evaporándose.
Carmela.
lunes, 7 de agosto de 2017
Gallinas
Rafael Barrett.
GALLINAS.

Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada.
La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llena para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.
Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas al intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en la casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté a uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.
¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí.
Antes era un hombre. Ahora soy un propietario…
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