No se en que momento me convertí en sombra, ni siquiera me
acuerdo, últimamente tengo tan mala memoria. Ellos querían dejarme de vigilante
pero no quise, de repente alguien viene y enciende la luz, y desaparezco, no,
que susto! No, ni loco!. Claro, parten todos a esconderse por todos los
rincones para que no los pillen y yo como tonto arriesgando mi vida de sombra,
parece que voy a tener que irme a la ciudad negra para estar más tranquilo,
dicen que cuando hay luna llena una multitud espesa de sombras se juntan a
bailar vals junto a la laguna. Ya me imagino a mi vecina nadando y peinada con
una cola de caballo para que yo la reconozca cuando pasa y todos y todas son
felices, hasta se puede caminar por las paredes tranquilo, tal vez podría
perseguir a la sombra de mi vecina con sus maravillosas tetas redondas como
melones, porque acá se le desaparecen cuando dobla la esquina y a veces también
desaparee ella y yo me angustio porque prenden la luz a cada rato ya que el
vigilante anda quizás por donde en vez de vigilar.
Siento un murmullo de sombras asustadas, que pasará?
Oh! están tirando bombitas de luz a los pies de las sombras y todas corren
despavoridas, algunas han desaparecido, solo veo muchas lágrimas de sombras
evaporándose.
Carmela.

Genial, la vida de las sombras con su propia luz. Recordé Las estatuas, aquella canción. Las estatuas son como las sombras, "se quedan como en penitencia, solitarias", conozco a varias que rondan por ahí.
ResponderEliminarMe encantó.
eres mi maestra
Eliminar_Un escrito maravilloso, porque las luces o el ingenio poetico lo desparrama la autora. Desde ahí que tiene la capacidad de tanta movilidad esas sombras que, hasta se pueden imaginar como almas.
ResponderEliminargracias Juan por tus mágicas palabras
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