Translate

viernes, 19 de noviembre de 2021

PERDIDA.


Corría el año 1966 y yo comenzaba a dar mis primeros pasos en la prostitución, arrincono el abandono de la leche materna, la cobija,  las noches de sueño y me olvido de llorar.


Perdida! Me grita un hombre gordo y grande desde la última casa cruzando la calle. Tiene la mandíbula cuadrada, desencajada y ríe a gritos con su amigo que aplaude.


En medio del callejón hay un árbol con raíces arrestadas por los adoquines, camino imprecisa con mis botas blancas largas arriba de la rodilla y la minifalda que me dio Huenteo en Tracura antes de venirme a Victoria  para mi cumpleaños del año pasado, cuando cumplí 13 años. 

Me detengo en la calle 18 del Paseo de  las Penurias, los faroles y las lámparas amarillentas de arco a media luz  le dan un aire romántico y mi perfume dulzón se confunde con el aroma de las flores que atestan la cuneta.


Lo veo desde lejos, es el mismo que cada cada atardecer se sienta en aquel banco, con los ojos semicerrados, la cabeza recostada en el borde de la grada, donde los Notros formaban una hilera roja que contrasta con su pelo y bigote atezado. Me acerco para pedirle que encienda mi cigarrillo, y lanzó un escupitajo furioso contra el suelo, se enderezó con dificultad titubeando con ademanes de vagabundo mudo y misterioso. 


Femenina y digna, pero aún un poco borracha, lo tomo del brazo . Él se zafa meneando la cabeza de un lado a otro pero luego se detiene y me arrastra hacia adelante. Me seduce la incertidumbre,  me empuja y caigo en el pasto, su cráneo alargado y animalesco se recuesta contra la luz de los faroles, el bigote le goteaba.



Y ahora estaba allí, con las mejillas hinchadas, sola,  despedazada .Con la ropa diseminada , los ojos negros de maquillaje corrido. Tengo hambre. Decido ir a tomar desayuno, pero franquee la callecita  a la izquierda donde estaba el Bar Penumbra, la puerta me volvió el alma al cuerpo al sentir su olor azumagado, el humo de los cigarrillos, las ventanas tapiadas con gruesas cortinas para ahuyentar la luz del día. En el gramófono sonó una melodía empalagosa . Bailo y bailo,  en un desorden torpe y sin sentido al ritmo del canto. Mi danza tiene algo de siniestro.



Carmela.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

enciende o apaga la luz