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lunes, 10 de octubre de 2016
Desplazados
Los emigrantes
En el mes de Marzo del año 2.000, sesenta haitianos se lanzaron a las aguas del mar Caribe en un barquito de morondanga. Los sesenta murieron ahogados. Como era una noticia de rutina, nadie se enteró. Pero esos sesenta haitianos habían sido cultivadores de arroz. Y los cultivadores de arroz, en Haití, han sido condenados a convertirse en balseros o en mendigos, desde que el Fondo Monetario Internacional prohibió los subsidios que el Estado proporcionaba al arroz nacional. El Fondo Monetario Internacional, que es un organismo bastante distraído, se olvidó de prohibir los subsidios al arroz que el gobierno de los Estados Unidos otorga a la producción nacional. Y ahora, Haití compra su arroz en los Estados Unidos.
miércoles, 14 de septiembre de 2016
Heridas
Cuando éramos niños nos daban un beso en una herida y dejaba de doler. Ahora son los besos los que nos hacen las heridas.
sábado, 14 de mayo de 2016
Sin filtro, por Francisco Richter.
Exigirle al gobierno, al parlamento, que derogue la ley de pesca es como pedirle al papa que deje de ser catolico...
que importa que la presidenta este en europa o en china o en chile, si la loca jamas solucionara el problema, jamas expropiara las grandes pesqueras, las forestales, eliminara los monocultivos, regulara las represas, evitara alto maipo, ni hará nada para proteger la tierra ni el ecosistema...
y no solo ella, ningún presidente lo hará... hasta cuando vamos a pensar que la solucion es cambiar de gobierno, de dirigentes, si la historia de chile nunca ha mostrado lo contrario...
el problema no es el gobierno de turno... llevamos 200 años marchando con exigencias al gobierno y las cosas siempre han terminado de las mismas formas, o bien con una masacre o bien con una reforma... maquillaje de lo mismo... la misma mierda con otro olor...
no me cabe duda que la tele pondra el problema como una negociacion entre dirigentes y gobierno, y luego por debajo le pagan sus wenos millones a un par de dirigentes, quiebran el movimiento e inventan una reforma... a lo mas le cambian el nombre a la ley de pesca, pero cuantos años llevan los pescadores de chile y sus familias en hambruna, luchando por que esa maldita ley se derogue, cuantos! ... a los gobiernos no les importa, y la solucion no esta ahi...
no es solo en chile, las catastrofes ambientales estan sucediendo en todo el mundo, de forma simultanea... la ultima vez que la tierra tuvo las tazas de extincion de especies que tenemos en los ultimos 50 años fue en el periodo cretácico, cuando los dinosaurios se extinguieron...
como chucha es que en la discucion social nadie se cuestiona la democracia, sistema creado en sociedades donde el 80% de las personas eran esclavos; por qué seguimos viviendo sin cuestionarnos el robo de la propiedad privada, erradicar la propiedad privada no es perder nuestros bienes, al contrario, la propiedad privada es la escusa para que las crisis nos quiten lo que necesitamos...
hasta cuando vivimos en base a las leyes del mercado, incitados a estafarnos entre nosotros mismas... trabajando pa que algunos pocos parasitos no trabajen, explotando nuestro propio suelo pa mandarle todo lo escencial a los paises ricos...
en el fondo de mi corazon, tengo la esperanza de que esta vez las "vanguardias revolucionarias'' dejen su ego en la casa y se unan como unx mas; que las redes horizontales de solidaridad se multipliquen por todo el territorio generando autodefensa... tengo la esperanza de que dejemos de pedir respuestas y soluciones, y que las soluciones las generemos entre nosotras.... tengo la ilusa esperanza que los pacos y los milicos dejen de seguir las ordenes de un general que sigue las ordenes de un presidente que sigue las ordenes de un empresario que sigue las ordenes de su ego... que se avispen y se unan al bienestar comun, que defiendan sus familias y no a sus jefes...
tengo la pequeña esperanza que nuestro instinto sea poderoso, y como metodo de supervivencia cambiemos todo, por todos lados.
Pancho
martes, 10 de mayo de 2016
Hay que hacerse indiferente; no debe preguntarse si la verdad favorece o perjudica al hombre.
Hay que tener una fuerza de predilección para las cuestiones que ahora espantan a todos; poseer el valor de las cosas prohibidas; es preciso estar predestinado al laberinto. De esas soledades hay que hacer una experiencia. Tener nuevos oídos para una nueva música; nuevos ojos para las cosas más lejanas; nueva conciencia para las verdades hasta ahora mudas...
Fiedrich Nietzsche.
Hay que tener una fuerza de predilección para las cuestiones que ahora espantan a todos; poseer el valor de las cosas prohibidas; es preciso estar predestinado al laberinto. De esas soledades hay que hacer una experiencia. Tener nuevos oídos para una nueva música; nuevos ojos para las cosas más lejanas; nueva conciencia para las verdades hasta ahora mudas...
Fiedrich Nietzsche.
miércoles, 23 de marzo de 2016
ciudadanos presos en geometría
Nos hacen vivir en círculos volviendo siempre a lo mismo, nos tienen los óvalos hinchados y la cabeza cuadrada en la pirámide social con los muchos abajo y los pocos de la elite allá arriba en la cúspide del cono. Los partidos parten y reparten la torta entre ellos. Unos llaman desde la derecha, que es el llamado " diestro", tirando para atrás, otros tiran de la izquierda, el lado llamado "siniestro", como oscuro, lleno de mentiras, chupamedias, chupacabras, y correveidiles. Los del centro se hacen los paralelepípedos levantando dioses antropomórficos, en tanto los pasados para la punta siguen la línea recta hacia el extremo. En fin que estamos en un círculo vicioso que parece laberinto, del cual para salir sólo hay que dar un paso hacia afuera, hacia la libertad.
No mas geometría social.
La vida no se un laberinto, sino un viaje multicolor hacia el infinito. El mundo abierto para los de abajo.
Vamos a amasar juntos y compartir el pan de la dignidad.
Jaime Yovanovic.
No mas geometría social.
La vida no se un laberinto, sino un viaje multicolor hacia el infinito. El mundo abierto para los de abajo.
Vamos a amasar juntos y compartir el pan de la dignidad.
Jaime Yovanovic.
jueves, 10 de marzo de 2016
No tengo...
No tengo recuerdos contigo.
No he visto nunca el vaho de tu aliento en invierno
Ni tus pisadas descalzas de la cocina a la alcoba
Ni la certeza de haberte encontrado en esa esquina
No recuerdo los vinos que no bebimos
Ni mi mano resbalando por tu cuerpo
Me deshice de los apegos
No espero reciprocidad camino liviana
No quiero perderme en una espera
La espera es un delirio
El enamorarse también lo es
Me une a ti el paso del tren a media noche despertando los durmientes que afirman los rieles
Los vagones saludando a las espigas
La estela que deja el humo del carbón de piedra que acarrean tus versos en la combustión de sus palabras
El silbido melancólico avisando la llegada a la estación de Reumén.
Y los besos de despedidas
Beso apasionado en la entrada o salida del metro como testigo
Beso en la cocina con el refrigerador mirando
Beso en el umbral de mi puerta con el vecino de enfrente mirando por el ojo de la cerradura.
Abrazos abrazos abrazos
La ausencia amorosa va solamente en un sentido y no puede suponerse sino a partir de quien se queda en una “calle de un solo sentido.”
No he visto nunca el vaho de tu aliento en invierno
Ni tus pisadas descalzas de la cocina a la alcoba
Ni la certeza de haberte encontrado en esa esquina
No recuerdo los vinos que no bebimos
Ni mi mano resbalando por tu cuerpo
Me deshice de los apegos
No espero reciprocidad camino liviana
No quiero perderme en una espera
La espera es un delirio
El enamorarse también lo es
Me une a ti el paso del tren a media noche despertando los durmientes que afirman los rieles
Los vagones saludando a las espigas
La estela que deja el humo del carbón de piedra que acarrean tus versos en la combustión de sus palabras
El silbido melancólico avisando la llegada a la estación de Reumén.
Y los besos de despedidas
Beso apasionado en la entrada o salida del metro como testigo
Beso en la cocina con el refrigerador mirando
Beso en el umbral de mi puerta con el vecino de enfrente mirando por el ojo de la cerradura.
Abrazos abrazos abrazos
La ausencia amorosa va solamente en un sentido y no puede suponerse sino a partir de quien se queda en una “calle de un solo sentido.”
viernes, 26 de febrero de 2016
Carta del Subcomandante Marcos a Joaquín Sabina...
Ejército Zapatista de Liberación Nacional
“Mira muchacho —me dijo— la vida de un hombre no es más que la búsqueda de una mujer. Fíjate que digo ‘una mujer’ y no ‘cualquier mujer’. Y por ‘una mujer’, muchacho, me estoy refiriendo a una de “única”. El problema está en que el hombre siempre queda con la duda de si la mujer que encontró, si es que encuentra alguna, es esa ‘una mujer’ que estaba buscando. Yo ya estoy viejo y he descubierto una fórmula infalible para saber si la mujer que uno encontró es la ‘una mujer’ que estaba uno buscando...”
En fin, el caso es que, como quiera, seguí el consejo del viejo. Ya se imaginará usted, Don Sabina, el desconcierto que provocaba en las muchachas el hecho de que, en cuanto se presentara la oportunidad de estar solos (ese momento en el que el resto de los mortales aprovechan para acercar una mano o unos labios), yo me llevaba la mano a la mejilla y declaraba solemnemente que me dolía la muela...
Es cierto que en esa época no conseguí ninguna, pero acumulé una importante cantidad de analgésicos, antiinflamatorios, antibióticos y, por supuesto, tarjetas de dentista.
Seguro que todo este dilatado relato no le resuelve, Don Sabina, el misterio de la relación entre dolor de muelas, su caminar por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No se desespere usted, ya verá cómo al final de todo (vos lo sabés Sabina) las piezas se acomodan. Bien, continúo:
La tonadita puede ir más o menos así: tara-tarara- tarirara-etcétera, vos lo sabés Sabina. El título de la canción podría ser ‘Canción para una muchacha que está demasiado lejos’, o ‘Un dolor de muelas para ella’, o ‘Un dolor de muelas, Sabina, la larga distancia, una muchacha y el Sup’. En fin, ya se te ocurrirá algo. El crédito puede ser ‘Letra: el Sup. Música: Joaquín Sabina’, o ‘Letra y música: Joaquín Sabina (a petición del Sup)’ o como quieras.
“Vale. Salud y ojalá ella entienda.
“El Sup”.
"Y todo esto viene a cuento porque estaba yo solo, con mi dolor de muela y leyendo que usted camina por estas tierras. Entonces pensaba yo que usted, tal vez, estaría de buen humor y magnánimo y que podría contarle yo la historia de los dolores de muelas, mi frustrada carrera como cantautor y una muchacha que está demasiado lejos."
Ejército Zapatista de Liberación Nacional
18 de Octubre de 1996
(como a las no sé cuántas de la madrugada)
A: Joaquín Sabina
Planeta Tierra
(como a las no sé cuántas de la madrugada)
A: Joaquín Sabina
Planeta Tierra
De: Subcomandante Insurgente Marcos
CCRI-CG del EZLN
CCRI-CG del EZLN
Montañas del Sureste Mexicano, Chiapas
México
México
Don Sabina:
Yo sé que le parecerá extraño que le escriba, pero resulta que me duele la muela y, según acabo de leer, usted camina ahora por estas tierras que, mientras no acaben por venderlas también, siguen siendo mexicanas. Entonces pensé yo que, aprovechando que me duele la muela y que usted camina ahora bajo estos cielos, pudiera yo escribirle y saludarlo e invitarlo a echarse un “palomazo” con el Sup (a larga distancia, se entiende). ¿Qué dice usted? ¿Cómo? ¿Que qué tiene que ver el dolor de muela con el “palomazo”? Bueno, tiene usted razón, debo explicarle entonces la muy extraña relación entre el dolor de muelas, el que usted camine por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No, no se sorprenda usted de que ahora haya aparecido una muchacha. Siempre aparece una, vos lo sabés Sabina.
Bien, resulta que cuando yo pasaba por esa etapa difícil en que uno descubre en que ya no es más un niño y tampoco alcanza a ser un hombre (esa etapa, vos lo sabés Sabina, en que las féminas se transmutan de molestas a interesantes y hay que ver la de problemas que esto provoca), conocí a un viejo que, sin que se lo pidiera, decidió que tenía que darme un consejo sobre esos seres incomprensibles pero tan amables que eran, y son, las mujeres.
Bien, resulta que cuando yo pasaba por esa etapa difícil en que uno descubre en que ya no es más un niño y tampoco alcanza a ser un hombre (esa etapa, vos lo sabés Sabina, en que las féminas se transmutan de molestas a interesantes y hay que ver la de problemas que esto provoca), conocí a un viejo que, sin que se lo pidiera, decidió que tenía que darme un consejo sobre esos seres incomprensibles pero tan amables que eran, y son, las mujeres.
“Mira muchacho —me dijo— la vida de un hombre no es más que la búsqueda de una mujer. Fíjate que digo ‘una mujer’ y no ‘cualquier mujer’. Y por ‘una mujer’, muchacho, me estoy refiriendo a una de “única”. El problema está en que el hombre siempre queda con la duda de si la mujer que encontró, si es que encuentra alguna, es esa ‘una mujer’ que estaba buscando. Yo ya estoy viejo y he descubierto una fórmula infalible para saber si la mujer que uno encontró es la ‘una mujer’ que estaba uno buscando...”
El viejo se detuvo a ver hacia todos lados, como temiendo que alguien más lo escuchara. Yo sentí que algo muy importante estaba a punto de serme revelado, así que puse cara de circunstancia y saqué discretamente un papelito y un lapicero para tomar nota, no fuera a ser que se me olvidara la fórmula (de por sí batallaba mucho con las matemáticas). El viejo carraspeó y, sin poner atención en mi papelito y mi lapicero, me confió:
“Si tú le dices a una mujer que te duele una muela y ella, en lugar de mandarte al dentista o darte un analgésico, te abraza y deja que recuestes la mejilla en sus pechos, entonces, muchacho, esa mujer es la ‘una mujer’ que andabas buscando...”
Yo me quedé perplejo, pero como quiera tomé nota de la fórmula. A mí nunca se me había ocurrido que debía pasarme la vida buscando una mujer, por más que esa mujer fuera “una de única”. A mí se me ocurrían cosas más concretas y factibles, como ser bombero, conquistar el mundo o construir un avión que se controlara sólo con el pensamiento. Respecto a las mujeres, yo me tenía en muy alta estima y estaba más propenso a que esa “una mujer” me encontrara a mí, que a buscarla yo...
Yo tenía como 10 años y una maestra de piano de la que, por supuesto, estaba enamorado. Mi mayor empeño consistía en mirarle unos pechos que se adivinaban como el mejor remedio dental que tenía a la vista. Por supuesto que le apliqué la fórmula, pero ella sólo se me quedó viendo y me dijo que era un pretexto para no practicar en el teclado. Yo de por sí ya sabía que ella no era la mujer de mi vida, 15 años y un piano se interponían entre nosotros.
Yo me quedé perplejo, pero como quiera tomé nota de la fórmula. A mí nunca se me había ocurrido que debía pasarme la vida buscando una mujer, por más que esa mujer fuera “una de única”. A mí se me ocurrían cosas más concretas y factibles, como ser bombero, conquistar el mundo o construir un avión que se controlara sólo con el pensamiento. Respecto a las mujeres, yo me tenía en muy alta estima y estaba más propenso a que esa “una mujer” me encontrara a mí, que a buscarla yo...
Yo tenía como 10 años y una maestra de piano de la que, por supuesto, estaba enamorado. Mi mayor empeño consistía en mirarle unos pechos que se adivinaban como el mejor remedio dental que tenía a la vista. Por supuesto que le apliqué la fórmula, pero ella sólo se me quedó viendo y me dijo que era un pretexto para no practicar en el teclado. Yo de por sí ya sabía que ella no era la mujer de mi vida, 15 años y un piano se interponían entre nosotros.
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Es cierto que en esa época no conseguí ninguna, pero acumulé una importante cantidad de analgésicos, antiinflamatorios, antibióticos y, por supuesto, tarjetas de dentista.
A mí ni se me ocurrió que la fórmula estuviera mal. Así que achaqué mis primeros fracasos a la falta de autenticidad en mi dolor de muelas. Por tanto me di a la dulce tarea de picarme las muelas. Y digo “picarme las muelas” en un sentido literal y no sólo comiendo dulces y bebiendo refrescos. Con clips y palillos, después de una paciente labor de meses, logré picarme dos muelas con tanto éxito que tuve que acompañar la estrategia con una fuerte dosis de antibióticos. Repetí la fórmula, ahora con la confianza de saberme auténtico, y los resultados siguieron siendo magros.
Así hubiera seguido adelante, acabando con mis muelas, si no es porque, ya adolescente, encontré a otro viejo que, cruel, me dijo:
Así hubiera seguido adelante, acabando con mis muelas, si no es porque, ya adolescente, encontré a otro viejo que, cruel, me dijo:
“Mírate en un espejo y así sabrás por qué no tienes éxito con las chamacas. Tu problema está en la cara. Más bien en tu nariz. A los feos, las muchachas no les hacen caso... a menos que sean cantantes”.
¿“Cantantes”? Bueno, esta nueva fórmula le daría reposo a mis muelas (que por lo demás ya estaban definitivamente destrozadas) y me obligaría a un cambio radical en la estrategia. Claro que el problema entonces era saber qué se necesitaba para ser cantante. Resulta que no era tan sencillo como usar palillos y clips. Leí todos los manuales que pude: manuales de carpintería, cerrajería, electrónica, radio y tv, mecánica, y hasta tomé dos cursos por correspondencia, uno de piloto aviador y otro de detective privado.
Créame Don Sabina, que fue muy duro para mí darme cuenta que, con todos los avances de la ciencia y la técnica, no existe todavía ningún manual para ser cantante. Después, escuchando canciones, me di cuenta de que el problema era mayor ya que una cosa era ser “cantante” y otra más difícil era ser “cantautor” o “canta-autor” (vos lo sabés Sabina). Entonces hice trampa, es decir, escribí algunos poemas (o como se llamara lo que escribía) y dejaba siempre pendiente la música.
Por supuesto que seguí cosechando fracasos con las mujeres, pero a cambio logré darle una tregua a mis muelas y juntar una gran cantidad de papeles, papelotes, papelitos y, sobre todo, papelones (vos lo sabés Sabina) con poemas.
Seguro que todo este dilatado relato no le resuelve, Don Sabina, el misterio de la relación entre dolor de muelas, su caminar por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No se desespere usted, ya verá cómo al final de todo (vos lo sabés Sabina) las piezas se acomodan. Bien, continúo:
Resulta que (vos lo sabés Sabina) hay ahora una muchacha que está demasiado lejos y entonces pensé que usted, Don Sabina, podría echarme una mano y una tonadita (mire que no es lo mismo pero pudiera ser igual). Y usted podría echarme una mano si me permitiera tutearlo y, cómplice como ha sido antes sin saberlo, fingiera usted que nos conocemos desde hace mucho tiempo y que, por tanto, es perfectamente natural que usted reciba una carta del Sup redactada en los siguientes términos:
"Sabina (sí, ya sé que te desconcierta este inicial e irreverente tuteo, pero tú compórtate como si tal cosa): 'He trabajado arduamente en los últimos días en la letra que me encargaste para tu nueva canción (¡vamos, quita ya esa cara de espanto!, ya sé que no me has encargado ninguna letra para ninguna canción, pero sígueme la corriente para despistar al enemigo) pero ha sido inútil. No me sale nada original. Así las cosas, busqué en el cofre del pirata y sólo encontré un viejo y mohoso poema, que no es tan viejo y tal vez ni a poema llegue, que te puede servir si le das un poco de aliño. Es ideal para ponerle música y escalar con velocidad el hit parade internacional (no me preguntes si para arriba o para abajo), pero tú ya sabes que a nosotros los artistas (sigue fingiendo demencia, no denotes la menor sorpresa) no nos importa la fama (bueno, no mucho).
En este caso particular, a mí sólo me interesa una muchacha que está demasiado lejos para que pueda yo musitarle al oído este poema y arrancarle así, vos lo sabés Sabina, una sonrisa o una lágrima. Porque es de todos conocido que arrancar una sonrisa o una lágrima de una muchacha que está demasiado lejos, es una forma de que no siga estando demasiado lejos, vos lo sabés Sabina. El poema dice, más o menos, así:
Como si llegaran a buen puesto / mis ansias, / como si hubiera dónde / hacerse fuerte, / como si hubiera por fin / destino para mis pasos, / como si encontrara / mi verdad primera, / como traerse al hoy / cada mañana, / como un suspiro / profundo y quedo, / como un dolor de muelas / aliviado / como lo imposible / por fin hecho, / como si alguien / deveras me quisiera, / como si, al fin, / un buen poema me saliera. / Llegar a ti.
La tonadita puede ir más o menos así: tara-tarara- tarirara-etcétera, vos lo sabés Sabina. El título de la canción podría ser ‘Canción para una muchacha que está demasiado lejos’, o ‘Un dolor de muelas para ella’, o ‘Un dolor de muelas, Sabina, la larga distancia, una muchacha y el Sup’. En fin, ya se te ocurrirá algo. El crédito puede ser ‘Letra: el Sup. Música: Joaquín Sabina’, o ‘Letra y música: Joaquín Sabina (a petición del Sup)’ o como quieras. “Vale. Salud y ojalá ella entienda.
“El Sup”.
Esa podría ser la carta que usted recibiera y aceptara, Don Sabina.
Y todo esto viene a cuento porque estaba yo solo, con mi dolor de muela y leyendo que usted camina por estas tierras. Entonces pensaba yo que usted, tal vez, estaría de buen humor y magnánimo y que podría contarle yo la historia de los dolores de muelas, mi frustrada carrera como cantautor y una muchacha que está demasiado lejos.
Y todo esto viene a cuento porque estaba yo solo, con mi dolor de muela y leyendo que usted camina por estas tierras. Entonces pensaba yo que usted, tal vez, estaría de buen humor y magnánimo y que podría contarle yo la historia de los dolores de muelas, mi frustrada carrera como cantautor y una muchacha que está demasiado lejos.
Y pensaba yo que podría escribirle una carta tuteándolo y pidiéndole una tonadita para un mohoso poema. Y pensaba yo que usted me perdonaría el tuteo y el pedirle una tonadita para acercar a una muchacha que está demasiado lejos, y que así se completaría el rompecabezas del inicio.
Y no para que me dispense es que le cuento todo esto Don Sabina, sino para que comprenda. Y comprender, vos los sabés Sabina, es otra forma de absolver.
Vale. Salud y ya sabe usted, si le sobran por ahí un analgésico o una tonadita, no dude en mandármelos. Ambas cosas se agradecen en este asfixiado pecho que le escribe...
Vale. Salud y ya sabe usted, si le sobran por ahí un analgésico o una tonadita, no dude en mandármelos. Ambas cosas se agradecen en este asfixiado pecho que le escribe...
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Fuentes:
jueves, 4 de febrero de 2016
La igualdad es la irremediable oposición a toda religión y a toda divinidad suprema. En una sociedad libre e igualitaria, la naturaleza divina, sustentada por el terror de la miseria humana, de la potencia autoritaria, sucumbirá irremisiblemente, porque esa naturaleza perderá toda razón de ser, perderá toda la irracionalidad (e intento de racionalidad) que la forma, puesto que no habrá nada arriba (ni abajo) de la naturaleza, solidaridad y razón humana.
Comte.
Comte.
martes, 5 de enero de 2016
para mi Manu amado.
¿ Que clase de paseo será este, que de un manotazo llegaste y te fuiste?
Un pequeño barco te alejó, meciéndote en océanos ondulantes, desde el pacífico al atlántico, hasta llegar al mar del norte, y ,por fin, acunarte en los brazos de tu padre, en un remoto lugar de molinos de viento, con sueños y otros misterios.
¿ Que clase de paseo será este, que te vas y me dejas tu olor a canela, a leche materna, a suspiro?
¿ Que clase de paseo será este, que te hará crecer y crecer, al igual que el amor que te tengo, porque perdurará flotando en cualquier tiempo, en cualquier lugar.
Y yo...estaqueada en la orilla del mar, con mi mano estirada en el adiós, en mis pupilas retengo tu carita hermosa, con la certeza que para verte sólo me basta con cerrar los ojos.
Un pequeño barco te alejó, meciéndote en océanos ondulantes, desde el pacífico al atlántico, hasta llegar al mar del norte, y ,por fin, acunarte en los brazos de tu padre, en un remoto lugar de molinos de viento, con sueños y otros misterios.
¿ Que clase de paseo será este, que te vas y me dejas tu olor a canela, a leche materna, a suspiro?
¿ Que clase de paseo será este, que te hará crecer y crecer, al igual que el amor que te tengo, porque perdurará flotando en cualquier tiempo, en cualquier lugar.
Y yo...estaqueada en la orilla del mar, con mi mano estirada en el adiós, en mis pupilas retengo tu carita hermosa, con la certeza que para verte sólo me basta con cerrar los ojos.
domingo, 3 de enero de 2016
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