El dolor no es solo una emoción: es una lágrima interior, un espacio vacío donde algo precioso una vez vivió. Cava dentro de nosotros, dejando un profundo vacío donde una vez residía el amor.
Al principio parece insoportable, como una herida que nunca deja de sangrar. Pero con el tiempo, los bordes comienzan a estrecharse. El dolor disminuye, pero la huella perdura, como un recordatorio silencioso de lo que era.
La verdad es que en realidad no "superas" el dolor: simplemente aprendes a vivir con él.
El amor que sentimos no desaparece, se transforma. Permanece en el eco de la risa, en el calor de los recuerdos, en los momentos en que, instintivamente, alcanzamos lo que ya no está ahí.
Y eso es okay
El dolor no es una carga de ocultar, ni una debilidad de la que avergonzarse.
Es la prueba más auténtica de que el amor existe, que algo extraordinario ha llegado a través de nuestras vidas.
Por lo tanto, permítete ser escuchado. Permítete sufrir. Permítete ser recordado.
No hay tiempos predeterminados, ni formas correctas o incorrectas de procesar el dolor.
Habrá días pesados y días más ligeros. Momentos en los que la tristeza de repente te abrumará a ti y a otros cuando simplemente sientes gratitud por lo que has experimentado.
Honra tu dolor, porque es sagrado.
Es el testimonio de la profundidad de tu corazón.
Y con el tiempo, a través del dolor, encontrarás una nueva forma de serenidad, no porque lo hayas olvidado, sino porque has aprendido a llevar el amor y la pérdida contigo, lado a lado.
J.Carrey.



