Cabizbajo, Nibaldo pisa el suelo de tierra endurecido del Bar Penumbra, tropezando con todas las mesas que se le cruzan apuradas en el camino, los parroquianos no lo miran, avanza con la lentitud de sus pasos aporreados hasta que nuestras mantas mojadas se entrelazan como nuestros vasos lluviosos de vino tinto, y durante esos litros de infinitos pesares El vomita su rabia, su goce, su guitarra y sus perdones.
Mientras habla ,canta, suspira, llora y ríe. Yo escucho el silencio interrumpido de nuestras copas que se estrellan el secreto ranchero de su pena, de odios, de coraje, de su amor ardiente que apaga con fuego de leña seca y vapor de poncho húmedo .
Se calla y su figura silente se recuesta en las tablas de tapa de pino donde entra el frío colado. Me acerco y le susurro entre barboteos una pistola, una serenata caliente para la infiel, un abrazo lleno de locuras con flores perfumadas, sudores y caminos de arrayanes.
Casi no lo veo, se deshace en el humo de la Penumbra, en el sordo gimoteo de palabras que se precipitan hacia la noche helada y se disuelven como el aguacero.
Escribí este cuento, basado en la canción “ Mátalas” del mejicano Alejandro Fernández.( para un taller literario )