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viernes, 25 de mayo de 2012

calle Temuco 1878

...entrè tan contento, dispuesto a besarla
encimita de la cara aunque todos me vean...
su cama toda hecha, respetuosamente blanca.

...que pena mas grande, que hiel mas amarga,
quien me hubiese dicho que no iba a estar...

...Mientras recitaba , lentas lágrimas resbalaban por sus mejillas. El gentío que escuchaba en silencio, repentinamente fue  interrumpido por el sollozo de una acicalada dama. La amplia sala estaba recargada de humo, de dulzones perfumes, de sudores de baile, que enardecían el ambiente y arruinaban los perfectos maquillajes . Los hombres hacían muecas para atajar el llanto. Entre tanto, mi padre, al centro del gran salòn, trajeado con un riguroso terno azul, camisa alba y la corbata precisa, arrastraba con ternura cada palabra.

...Estaba profundo, estaba aseñorado, estaba espléndido, estaba amoroso.
En su talle menudo, advertí un soplo nostálgico que también se percibía en su timbre fragmentado. En medio de la fumarada, brillaba su perfil moreno que gesticulaba con la suavidad de una danza, caminaba entre los invitados de manera inadvertida, casi sigilosa.

...Los niñ@s, aparecimos una a uno en pijamas en el rellano de la escalera, que daba a la planta alta donde teníamos nuestro dormitorio colectivo. Poco a poco se iba produciendo el acallamiento del bullicio de la fiesta y sòlo quedaba la voz de papà. Agazapados y en silencio nos sentamos en los peldaños a escuchar. Miré de reojo a Davico, quería traspasarle mi abrumadora conmoción; necesitaba que me abrazara y salté dos escalones para pegarme  a su lado,  le picotiè con el indice el muslo...pero èl mantuvo una expresiòn seria y flemática, algo despistada, al segundo se se fue a acostar.  Volteé al percibir la risita nerviosa de mi hermana que en un rincón retorcía sus manos sudorosas contra el pijama, a su lado concentrado, adelantando y mascullando cada palabra del poema, estaba Ricardito.

...Los gritos de la parentela que aplaudía eufórica me llenaron nuevamente de emoción ...quería abrazarlo. - otra...! otra...! otra...! y èl, con la copa de vino tinto en alto, brindò ...y luego en silencio, mirando al suelo, despacio y sumiso...recitò :

"...entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio
de ortigas y de chumberas
de cal de arena y de viento...
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca lo pueda saltar el pueblo,
que anda rondando la llave
que guarda nuestro secreto.
Y yo bien se que me quieres,
y tu sabes que te quiero,
y lo sabemos los dos,
y nadie puede saberlo..."